lunes, junio 30, 2008

Teoría Social y del Estado

En un régimen económico fundado en el predominio del capital (caudal u otros bienes materiales como hacienda o tierras) como elemento de producción, hay dos sectores fundamentales: el capital y el trabajo. Tal como sus nombres indican, el primero estaría en manos del capitalista, y el segundo sería el producido por el trabajador. Ahora, para Marx, tanto el capital como el trabajo se encuentran en poder del capitalista, de la clase social propietaria de los bienes que se apropia del trabajo y del tiempo de producción de la clase obrera. Así, esta clase no posee nada más que lo que la otra decide que posea, por medio de la alienación ideológica. Este concepto, que antiguamente se restringía al ámbito religioso para explicar cómo el ser humano se pierde o renuncia a sí mismo en favor de otro ser, y ese otro ser, simple producto de su objetivación, se le impone como verdadera y única realidad, es aplicado por Marx a todas las esferas de la actividad humana, comenzando por la esencial, que es la producción y/o acumulación de bienes para satisfacer sus necesidades. La clase obrera produce para que la clase capitalista , ya dueña de los bienes, tome el fruto del trabajo acumulado (lo que sería el capital), le agregue el interés devengado y lo destine a producir nuevo capital y satisfacer sus necesidades, dejando una pequeña parte para cubrir mínimamente las necesidades de los trabajadores. Estas dos clases fundamentales, junto con otras que no lo son, constituyen la infraestructura de una sociedad capitalista. La alienación o dominación política e ideológica originan una superestructura política e ideológica, necesaria a su vez para mantener la perversa explotación del trabajador por parte del empleador. El capitalismo empobrece a todos, a capitalistas y a trabajadores, debido a la tendencia estructural de caída del PLUSVALOR o valor agregado, que debe ser contrarrestada aumentando y automatizando la producción, racionalizando el empleo y recortando salarios.

Según Max Weber, en la sociedad actual predomina la racionalización de la acción social con arreglo a fines u objetivos, lo que convierte al individuo capitalista en un ser que procede de manera egoísta y calculadora, procurando el bien propio y no el de la comunidad en que habita. Paradójicamente, esto viene de la racionalización de la acción social con arreglo a valores, ideales o convicciones de la reforma protestante.

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